Lo que encontré.
Hay una caja. No huele a cedro, huele a toallitas húmedas de los 90. Ahí vive todo lo que me formó.
La abro cada verano. Hay una niña ahí que no reconozco del todo — callada, con los ojos muy abiertos, aprendiendo a leer el cuarto antes de entrar.
Esa caja me interesa más que cualquier tablero de inspiración de enero.
Tengo 41 años, dos hijos, un esposo, un perro, una vida que no se parece a lo que estudié ni a lo que planeé, y una cabeza que no para. Pienso en las niñas de 13 que se amarran una chamarra a la cintura porque alguien les dijo que sus caderas se notan demasiado. Pienso en las infancias que se pierden y en los que crecen cargándolas. Pienso en mis hijos mientras duermen y en lo que el mundo les va a decir cuando yo no esté mirando.
Escribo. Es lo más ordenado que hago.
Esto no es un newsletter de consejos. No voy a decirte cómo ser mejor versión de nada. Voy a escribir lo que pienso — largo, sin moraleja, sin resolución bonita al final. A veces incómodo.
Si algo de eso te suena, aquí estaré.
Alba María



Pues me encanta tu propuesta. Aiss esa caja de toallitas llena de memoria. Me quedo por aqui ❤️
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