Proyectos no terminados
Hundida hasta las rodillas
Hola, dos días después de cumplir 41. Publicar esto casi después de escribirlo ya es el mismísimo regalo que me puedo dar, luego de cerrar la hoja en blanco por semanas sin decir nada. Además del regalo de pasar mi cumpleaños de la manera más silenciosa posible, en un viaje relámpago, con parte de mi familia, en una casa que no es mía pero donde siento la misma paz.
Este párrafo, tengo que ser sincera, no comenzaba así. En un principio decía “publicar esto el mismo día de mi cumpleaños es el mismísimo regalo.” Hoy ya no es el día de mi cumpleaños, las horas se me pasan y se convierten en días, y si no lo termino hoy la frase cambiará para mañana, y así sucesivamente, pues a mis 41 aún soy un cúmulo de proyectos no terminados.
Aunque eso suene descaradamente mal, es solo la verdad en un mundo que pasa muy rápido y se mueve como arena movediza, cambiando, hundiéndote lentamente pero también dándote el tiempo de mantener la cabeza a flote, de poder hacer algo por aquí o algo por allá para no ahogarte tan rápido.
Una vez estuve en arenas movedizas. Ok, no eran arenas movedizas, no quiero ser mentirosa, pero era similar, le llaman fango, una mezcla de agua con tierra en la que puedes perder la movilidad y quedar atrapada. Recuerdo que mis pies se hundían poco a poco y pensé que iba a morir, traté de moverme sin ser brusca pero no tenía dónde sostener mis brazos. Si cierro los ojos y pienso en ese momento, lo que alcanzaba a ver era el mar a lo lejos, el sol encandilando, el fango que me rodeaba, pájaros volando, las embarcaciones sacando el marisco fresco que nos servían y el restaurante donde comíamos, sus maderas azules como el mar, el techo a punto de colapsar, y mis padres esperándome ahí, quienes por cierto, cuando regresé atascada de lodo, solo preguntaron: “¿y tú dónde te metiste?”, con un camarón recién pelado en la mano. Tengo buenos padres, pero dejar merodear a tus hijos pequeños solos en una playa asesina deja mucho que desear.
Cuando más de la mitad de mis piernas estaban bajo el fango, mi hermano pudo acercarse y jalarme, rescatándome de una muerte lenta, la muerte que el fango quería para mí y la muerte que mis padres nunca imaginaron que estaba sucediendo cerca de la playa. Ok, eso lo exageré, no sé si alguien pueda morir en el fango, pero en el intento de terminar el cúmulo de proyectos sin hacer, seguro que sí. Si morimos dejando cosas sin terminar, si morimos mientras se quedan en nuestras mentes, y no lo digo como un intento de convencerme ni convencerte de terminar tus proyectos porque el tiempo es corto. Lo digo porque simplemente es lo que pasa y al mismo tiempo no pasa nada, lo digo porque cumplo años y me doy cuenta de que humanamente, como cada año, tengo miles de ideas en mi cabeza que tal vez nunca llevaré a cabo, y porque habrá cosas que se quedarán en el estado en que están.
No lo puedes ver, pero acumulo cientos de proyectos en mi mente que se reflejan en mis cosas: está la pila de libros sin leer a la cual le rompo el corazón cada noche cuando llego arrastrando a mi cama y enciendo la tele para un capítulo más; ropa sobre un sillón que no he movido y me ha visto pasar cien veces y me grita reutilízame, regálame, véndeme; paredes sin pintar, el proyecto que más me dolería, pues borraría las manos de mis hijos creciendo; pinzas, hilos y mi gran colección de piedras que he guardado por años sin convertirlas en algo, sus colores me dan tanta alegría; notas y más notas de escritos que quisiera compartir, en mi mente están terminados, en mis documentos no; los cajones con papeles, los dibujos sin enmarcar. Y esta lista podría ser eterna.
Me doy cuenta sola, no creas que no, de cómo me saboteo cada vez que veo de frente uno de mis proyectos sin terminar y mi mente se inunda de dudas: ¿es importante que lo haga? ¿Me dará la satisfacción que creo que me dará terminándolo? Es una pérdida de tiempo, ¿a quién le interesa eso? La cama me llama, mis hijos me necesitan, después tengo tiempo, hay tiempo.
Con mis proyectos, como en el fango, sigo con medio cuerpo enterrado, pero ya no pido ayuda ni rescate. Me muevo lento, a mi ritmo, sin culpa: termino uno, ignoro el otro, después le presto atención a ese, pero ya dejé nuevamente el de antes. Soy amiga del lodo, y mis proyectos son básicamente eso: fango decorativo que no me mata, que puede esperar, que no tiene fecha de entrega, sin exigencia, sin plazo, que cada cumpleaños será un recordatorio, pero no una sentencia.




Este es un proyecto que estás ejecutando muy bien. Darle tu la luz a tu talento dice mucho de ti. Enfócate en 1 cosa y creo que por ahí es. Yo batallo con lo mismo.
👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻 exacto